Actividad para niños con autismo: 8 ideas para casa
Descubre toda actividad para niños con autismo que necesitas: organizada por edad y objetivo, con materiales y adaptaciones prácticas.

Cuando una actividad encaja, el día se hace más fácil. Quizá hoy estés buscando una propuesta que entretenga a tu hijo, le ayude a pedir algo, facilite el paso de una tarea a otra o permita compartir un rato tranquilo sin terminar en frustración. También es posible que hayas probado juegos recomendados para niños con TEA y hayas descubierto que, aunque parecían adecuados, no respondían a sus intereses, a su forma de comunicarse o a su sensibilidad sensorial.
No existe una actividad para niños con autismo que funcione igual para todos. La elección debe partir de la edad, los intereses, la comunicación, la autonomía, la tolerancia a la espera y el objetivo de ese momento. En España, el alumnado autista ya representa una presencia muy amplia en la escuela ordinaria, donde se concentra el 85% del alumnado con autismo según Autismo España. Por eso, los apoyos prácticos deben servir para casa, aula y ocio.
Esta guía reúne propuestas sensoriales, visuales, motoras, comunicativas, de autonomía y de relación. Detén la actividad ante señales de malestar, respeta la elección del niño y consulta con profesionales cuando la propuesta forme parte de un plan terapéutico. Para usarla, elige una idea, prepara el entorno, haz una prueba corta y anota qué apoyo facilitó la participación.
Índice
- 1. Actividades sensoriales estructuradas con rincones temáticos
- 2. Historias sociales personalizadas con pictogramas y narrativas visuales
- 3. Actividades de vida práctica para autocuidado y autonomía progresiva
- 4. Juego estructurado con intereses especiales como puente comunicativo
- 5. Actividades de motricidad fina adaptadas para ganar destreza y confianza
- 6. Círculos de amigos y actividades de inclusión guiada en grupo
- 7. Rutinas visuales dinámicas y sistema de anticipación de cambios
- 8. Actividades de mindfulness y regulación emocional adaptadas
- Comparativa de 8 Actividades para Niños con Autismo
- Elegir, observar y adaptar, el verdadero objetivo
1. Actividades sensoriales estructuradas con rincones temáticos
Un espacio sensorial funciona mejor cuando el niño sabe qué puede encontrar, cuánto tiempo puede permanecer y cómo salir. En lugar de llenar una habitación con estímulos, prepara pequeños rincones diferenciados y presenta uno cada vez. Puede haber una zona de luz suave, otra táctil, una de sonidos tranquilos y un espacio de movimiento.
Materiales y preparación
Para el rincón de luz puedes usar un proyector de burbujas o una lámpara con cambios suaves de color. El rincón táctil puede incluir arena kinética, telas, objetos para manipular y juguetes de movimiento libre. En la zona sonora, selecciona cuencos tibetanos, campanas suaves o instrumentos de percusión ligera. Retira cualquier material que pueda romperse, tragarse o producir un sonido inesperadamente intenso.
Los apoyos visuales ayudan a marcar la secuencia: entrar, explorar, descansar y salir. Las imágenes deben ser sencillas, concretas y significativas para el niño, tal como recomienda la guía sobre apoyos visuales para personas con TEA. Puedes colocar la señal de entrada y salida a la altura de sus ojos.
Pasos y adaptaciones
- Presenta un solo rincón durante un periodo breve.
- Permite tocar, mirar o retirarse sin exigir una respuesta.
- Observa qué estímulos busca y cuáles evita.
- Añade novedades de forma gradual, nunca todas a la vez.
- Enseña una señal visual o gestual para pedir una pausa o terminar.
Para un niño pequeño, bastan dos opciones visibles. En edades posteriores, puede elegir entre varios rincones y ayudar a preparar los materiales. Si usa comunicación aumentativa, incorpora pictogramas de “más”, “descanso” y “terminado”. La experiencia de espacios sensoriales inclusivos, como los desarrollados en centros educativos, muestra la importancia de ofrecer exploración flexible y segura. Puedes ampliar ideas en esta guía sobre integración sensorial y actividades.
La sobrecarga puede aparecer como cubrirse los oídos, alejarse, aumentar movimientos repetitivos, quedarse inmóvil, llorar o intentar escapar. Registra el rincón elegido, el estímulo tolerado y la forma en que pidió terminar. Ese dato sirve para ajustar la siguiente sesión, no para convertir el juego en una obligación.

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2. Historias sociales personalizadas con pictogramas y narrativas visuales
Una visita al dentista, el primer día de colegio o un viaje reúnen personas, instrucciones y cambios difíciles de anticipar. Una historia social presenta esa experiencia como un recorrido visible, parecido a un pequeño mapa que se puede consultar antes y durante la actividad. Su función es explicar qué podría ocurrir y qué apoyos estarán disponibles, respetando distintas formas de responder.
Empieza por una sola situación. Reúne fotografías del lugar, de las personas y de los objetos que aparecerán. Para una visita médica, incluye la entrada, la sala de espera, la silla, el profesional y la salida. Si no puedes tomar fotografías, elige pictogramas de ARASAAC u otras imágenes sencillas. Mantén cada escena relacionada con lo que el niño encontrará realmente.
Escribe frases breves en presente: “Llegamos a la clínica”, “Espero con papá”, “El dentista mira mis dientes” y “Puedo pedir descanso”. También puedes nombrar emociones sin presentarlas como un problema: “Puede que me sienta nervioso”, “Puedo respirar” y “Un adulto me ayuda”. Las imágenes deben ser claras, esquemáticas y fáciles de asociar con el contexto. Puedes consultar estos criterios prácticos sobre cómo usar pictogramas en autismo.
Para prepararla y utilizarla:
- Selecciona un momento concreto, no toda la jornada.
- Ordena las escenas desde la llegada hasta el final.
- Lee el relato con calma, sin convertirlo en un interrogatorio.
- Representa la situación con objetos, un muñeco o un juego de preparación.
- Lleva una copia para consultarla si el niño la acepta.
En edades tempranas, usa fotografías grandes y pocas frases. Más adelante, puedes añadir un mapa sencillo, un horario o una elección entre dos opciones. Una versión digital en Canva, Piktochart o una aplicación de comunicación puede facilitar el acceso, aunque un soporte impreso suele ser suficiente. Lee la historia en momentos tranquilos y antes del evento, dejando margen para modificarla si la experiencia cambia.
Observa si el niño consulta una imagen, señala una escena, pide ayuda o participa con mayor tranquilidad en alguna parte. Cerrar el material, aumentar la inquietud o rechazar las fotografías puede indicar sobrecarga. Reduce entonces la información, ofrece una pausa y comprueba si la historia representa lo que sucederá. El progreso se registra como una nueva forma de anticipar o pedir apoyo, no como la obligación de completar el relato.
3. Actividades de vida práctica para autocuidado y autonomía progresiva
Lavarse las manos, vestirse o preparar un desayuno sencillo son actividades cotidianas con un resultado claro. Enseñarlas de forma visual permite que el niño participe sin depender constantemente de instrucciones verbales. La autonomía no significa hacerlo todo sin ayuda desde el inicio. Significa que cada paso cuenta y que el apoyo se retira de forma gradual cuando el niño está preparado.
Preparación de la tarea
Empieza con una secuencia breve. Para lavarse las manos, puedes mostrar: abrir el grifo, mojarse, poner jabón, frotar, aclarar y secarse. Para vestirse, organiza la ropa en el orden de uso. En un desayuno, coloca cereal, leche, cuenco y cuchara en una bandeja, con una imagen que indique qué hacer primero.
La guía de apoyos visuales para personas con TEA recomienda dividir el día en segmentos o rutinas y ajustar el tamaño de las imágenes al uso que tendrán. En casa, mantén los objetos en lugares estables y coloca el apoyo cerca de la actividad, no en un sitio donde el niño no pueda consultarlo.
Una forma respetuosa de enseñar
Modela el primer paso, espera y ofrece la mínima ayuda necesaria. Si hace falta, utiliza una indicación gestual, señala la imagen o guía suavemente el movimiento, siempre respetando el consentimiento y la comodidad del niño. No repitas muchas instrucciones seguidas. Una frase como “mira el siguiente paso” suele ser más clara que una explicación larga.
Para los más pequeños, usa objetos grandes y tareas de dos pasos. En edades posteriores, incorpora elecciones, como escoger la camiseta o untar el pan, y practica la misma secuencia en otros contextos. Un cronómetro visual puede ayudar si la espera o la duración de la tarea genera incertidumbre.

Registra qué pasos inicia solo, en cuáles necesita una señal y qué parte provoca cansancio. La sobrecarga puede verse como abandonar la tarea, enfadarse ante una textura, taparse los oídos por el ruido del grifo o bloquearse ante demasiados materiales. Puedes consultar más ideas sobre qué es la autonomía personal.
4. Juego estructurado con intereses especiales como puente comunicativo
Un tren, un dinosaurio, una colección de animales o una serie de números puede convertirse en una puerta de entrada para compartir atención y comunicación. El interés especial no tiene que eliminarse para enseñar. Puede utilizarse como contexto respetuoso para introducir turnos, vocabulario, elecciones y pequeñas variaciones.
Del interés al juego compartido
Observa qué hace el niño espontáneamente. Si alinea trenes, empieza siguiendo esa acción en lugar de cambiarla de inmediato. Después, añade una propuesta sencilla: “tren rojo”, “más vías” o “mi turno”. Si le interesan los animales, crea una granja con figuras y representa acciones como comer, dormir o saludar.
Prepara un kit pequeño con piezas relacionadas, por ejemplo, una pista, trenes, tarjetas de colores, números y una señal de parada. Antes de comenzar, muestra una secuencia visual: elegir, jugar, compartir y guardar. El primer objetivo es que el niño disfrute y acepte tu presencia. Más adelante puedes introducir una habilidad concreta.
La participación compartida no requiere que ambos jueguen de la misma manera. Puedes entrar en el interés del niño y construir desde ahí una interacción que respete su iniciativa.
Adaptaciones y observación
Con niños pequeños, imita sonidos, nombra objetos y ofrece elecciones entre dos elementos. Con niños mayores, usa calendarios, mapas, reglas sencillas o historias creadas a partir de su tema favorito. Si tiene un nivel de comunicación más avanzado, puedes pedirle que explique una clasificación, invente un final o diseñe una ruta.
No retires el objeto preferido para forzar una petición. En su lugar, coloca dos opciones visibles y espera. Una señal de sobrecarga puede aparecer cuando la persona protege los objetos, aumenta la repetición, rechaza el turno o se angustia ante un cambio. Registra cuánto tiempo permaneció en el juego compartido, qué comunicación utilizó y qué variación toleró.
La actividad física, los juegos grupales, la danza y otros formatos de ocio pueden asociarse con beneficios en regulación, autoestima y autonomía, pero la elección debe adaptarse a la persona. Una propuesta eficaz no es la que parece más educativa, sino la que permite participar con bienestar y sentido.
5. Actividades de motricidad fina adaptadas para ganar destreza y confianza
Abrir un cierre, usar cubiertos, dibujar o manipular material escolar coordina manos, dedos y vista. El juego puede practicar estas destrezas sin convertir cada intento en una prueba. Para ello, ajusta la precisión, el tamaño y la textura de los materiales, como quien cambia el nivel de una escalera para que el siguiente peldaño sea alcanzable.
Un rincón sencillo puede incluir una bandeja de enhebrado con cordones y cuentas grandes, papeles para rasgar, arena kinética, bloques de varios tamaños, pinturas de dedos, pinceles gruesos y esponjas. Si el agarre resulta difícil, prueba lápices triangulares, adaptadores o mangos anchos.
Elegir el punto de partida
Comienza con la propuesta que demande menos control. El papel grueso suele ofrecer más resistencia al rasgado que el fino, y los bloques grandes son más fáciles de sujetar que las piezas pequeñas. Para dibujar, coloca líneas punteadas o una cuadrícula amplia. Describe la acción en lugar de corregir cada movimiento y ofrece apoyo solo si lo necesita.
La propuesta puede cambiar según el objetivo:
- Enhebrado: presenta pocas cuentas y permite elegir el color.
- Collage: delimita una zona amplia para pegar los trozos.
- Arena: deja dibujar con los dedos antes de introducir un lápiz.
- Construcción: muestra un modelo sencillo o acepta una estructura propia.
- Pintura: ofrece esponjas o pinceles si no tolera mancharse.
Con niños pequeños, prioriza la presión, el agarre y la exploración. En edad escolar, relaciona la actividad con escribir su nombre, recortar una imagen o preparar una manualidad para clase. La misma tarea puede mantenerse y cambiar de dificultad, por ejemplo, usando piezas mayores al principio y reduciendo su tamaño cuando la persona lo acepte.
Haz sesiones breves y termina antes de una frustración intensa. Sacudir las manos, apretar demasiado, tirar materiales o evitar sentarse puede indicar sobrecarga. Reduce los pasos, cambia la herramienta o introduce una pausa.
Para observar el progreso, registra un solo aspecto: cuánto mantiene el agarre, cuántos pasos completa o cuánta ayuda requiere. También cuenta elegir un material, tolerar una textura nueva o pedir una pausa. Valora esas decisiones, porque la destreza crece junto con la confianza.
6. Círculos de amigos y actividades de inclusión guiada en grupo
La inclusión social no debería depender de que el niño con autismo adivine reglas implícitas o se adapte siempre al ritmo de los demás. Un círculo de amigos organiza la participación con compañeros que reciben orientación de un adulto. El grupo puede reunirse para jugar en el patio, crear una obra artística o compartir un interés común.
Preparar al grupo
Selecciona compañeros empáticos, pacientes y flexibles. Explícales que comunicarse puede incluir palabras, gestos, pictogramas, miradas o acciones, y que no deben insistir si el niño necesita espacio. La conversación debe centrarse en cómo incluir, no en pedir a los compañeros que actúen como terapeutas.
Una actividad de arte colaborativo puede repartir roles claros: elegir colores, pegar materiales, sujetar una cartulina y recoger. Cada participante sabe cuándo empieza, qué puede hacer y cuándo termina. Un club de trenes, animales, dibujo o construcción puede facilitar una conexión más natural que un juego social sin tema.
En la escuela o en casa, utiliza una secuencia visible con inicio, actividad y cierre. Haz reuniones periódicas con el adulto que acompaña al grupo para revisar qué funcionó y qué situaciones generaron cansancio. No es necesario que el niño hable o participe durante todo el tiempo para que exista inclusión.
Señales y progreso
La sobrecarga puede manifestarse como retirarse del grupo, taparse los oídos, empujar materiales, repetir una frase para terminar o quedarse sin responder. Ofrece un lugar tranquilo, una tarjeta de “descanso” y la posibilidad real de volver o no volver.
Observa si acepta la proximidad de un compañero, comparte un objeto, mantiene un turno o utiliza una forma de comunicación para continuar. Un pequeño momento de conexión tiene valor. La investigación española sobre bienestar familiar destaca la importancia de la interacción familiar y el desajuste entre la relevancia de los apoyos y la satisfacción percibida como recoge FESPAU. Por eso, una actividad grupal sostenible debe cuidar también el esfuerzo de los adultos.
7. Rutinas visuales dinámicas y sistema de anticipación de cambios
Al terminar el juego, un niño puede quedarse quieto porque no sabe qué ocurrirá después. Un panel visual convierte esa transición en una secuencia visible: jugar, recoger y merendar. Puede incluir fotografías, pictogramas, palabras o una mezcla, según lo que el niño comprenda mejor. Su función es orientar, ofrecer elecciones y mostrar los cambios, no imponer una obediencia rígida.
Para prepararlo, elige una actividad conocida y una transición habitual. Coloca las imágenes en orden y revisa el panel junto al niño antes de empezar. La guía de horarios visuales de Autism Speaks en español presenta el formato “primero y después”: primero una tarea y después una actividad preferida. Una frase breve, como “revisa el horario”, puede acompañar la señal.
En la mañana, la secuencia puede mostrar despertar, desayuno, higiene, vestirse y mochila. Con niños pequeños, usa fotografías reales y pocas tarjetas. Más adelante, añade una rutina semanal, cambios de aula, actividades especiales o una tarjeta de “sorpresa”. Esta última se practica en momentos tranquilos y con apoyo, no se introduce durante una situación de angustia.
Usa el panel con esta cadencia:
- Consulta: míralo junto al niño, sin pedirle que lo repita.
- Transición: señala la actividad actual y la siguiente.
- Cambio: sustituye o retira la imagen con antelación.
- Final: mueve la tarjeta a una zona de “terminado”.
- Elección: ofrece dos opciones visuales cuando sea posible.
El tablero debe estar a una altura accesible y las imágenes han de verse sin esfuerzo. Si el niño rompe las tarjetas, evita el panel o se angustia cuando algo cambia, reduce la cantidad de información y vuelve a una secuencia conocida. La sobrecarga puede aparecer como llanto, huida, bloqueo o rechazo del material. En ese momento, baja las demandas y conserva solo la orientación necesaria.

Observa si consulta el panel, inicia una transición con menos ayuda o usa una tarjeta para pedir terminar. El progreso se aprecia en la comprensión y la capacidad de elección, no en completar la rutina cada vez más deprisa.
8. Actividades de mindfulness y regulación emocional adaptadas
La regulación emocional puede enseñarse mediante experiencias breves, concretas y sensoriales. No hace falta pedir al niño que cierre los ojos, permanezca quieto o explique cómo se siente. Para algunos, respirar mientras soplan burbujas será más accesible que seguir una meditación verbal.
Propuestas sencillas
Prepara una botella de la calma, burbujas, una tarjeta con una respiración dibujada y una esterilla. En un momento tranquilo, practica la respiración de burbujas: inhalar suavemente y soplar despacio. También puedes guiar un escaneo corporal con frases simples, como “siente los pies en el suelo” o “nota las manos en el regazo”.
Un cuento breve con imágenes puede introducir emociones y estrategias. El yoga adaptado permite probar posturas como árbol o gato, sin exigir precisión. Si el niño prefiere observar el movimiento de los brillos de una botella, esa observación ya puede ser una forma de pausa compartida.
Cómo enseñar sin añadir presión
Practica durante momentos de calma y utiliza la misma estrategia en distintos lugares. Coloca carteles con imágenes cerca de la zona de descanso, en la habitación o junto a la mochila. La música preferida puede aumentar la motivación, siempre que el volumen y el estilo no resulten molestos.
La regulación no se enseña por primera vez en plena crisis. Se ensaya antes, se ofrece durante el malestar y se respeta si el niño necesita otra forma de recuperar la calma.
Para niños pequeños, ofrece una sola técnica y un modelo breve. Para niños mayores, prepara un menú visual con respiración, movimiento, presión preferida si la busca, agua o espacio tranquilo. Nunca fuerces contacto físico ni utilices una botella, peso o material sensorial sin comprobar que el niño lo tolera y que resulta seguro.
Observa si identifica una tarjeta, se acerca voluntariamente al espacio de calma, reduce la intensidad de su conducta o pide ayuda antes de desbordarse. El llanto, la huida, la tensión corporal, la agresión hacia sí mismo o la incapacidad para responder indican que debes reducir demandas y priorizar seguridad. Si hay conductas autolesivas o riesgo, busca orientación profesional.
Comparativa de 8 Actividades para Niños con Autismo
| Intervención | 🔄 Complejidad | ⚡ Recursos / eficiencia | 📊 Resultados esperados (⭐) | Casos de uso ideales | 💡 Ventajas clave |
|---|---|---|---|---|---|
| Actividades Sensoriales Estructuradas con Rincones Temáticos | Media-alta: diseño y supervisión continua | Alto: espacio dedicado y materiales de calidad | Reducción de ansiedad y mejor autorregulación, ⭐⭐⭐⭐ | Escuelas inclusivas, hogar con espacio, manejo de Hipersensibilidades | Favorece autorregulación; exploración al propio ritmo |
| Historias Sociales Personalizadas con Pictogramas y Narrativas Visuales | Media: creación personalizada y actualización | Bajo-moderado: fotos, pictogramas, apps sencillas | Más predictibilidad y menos ansiedad anticipatoria, ⭐⭐⭐⭐ | Transiciones, visitas nuevas, primer día de escuela | Reutilizable; facilita comprensión y autonomía |
| Actividades de Vida Práctica: Autocuidado y Autonomía Progresiva | Media: descomposición y práctica constante | Bajo: objetos cotidianos y apoyos visuales | Incremento de independencia y autoestima, ⭐⭐⭐⭐ | Rutinas diarias, entrenamiento en hogar/escuela | Transferible a contextos reales; reduce carga familiar |
| Juego Estructurado con Intereses Especiales como Puente Comunicativo | Media: diseño creativo y adaptación de objetivos | Bajo-moderado: materiales relacionados al interés | Mayor motivación y comunicación funcional, ⭐⭐⭐⭐ | Enseñanza de lenguaje, habilidades sociales y conexión familiar | Valida intereses; facilita aprendizaje contextualizado |
| Actividades de Motricidad Fina Adaptadas: Destreza y Confianza | Media: progresión y adaptaciones individualizadas | Bajo: materiales manipulativos y herramientas ergonómicas | Mejora precisión manual y participación escolar, ⭐⭐⭐ | Preescolar/primaria, terapia ocupacional, preparación para escritura | Desarrolla habilidades funcionales y confianza |
| Círculos de Amigos y Actividades de Inclusión Guiada en Grupo | Alta: coordinación escolar y formación de pares | Moderado: tiempo del facilitador y formación previa | Aumento de inclusión social y relaciones auténticas, ⭐⭐⭐⭐ | Escuelas inclusivas, actividades grupales guiadas | Modelado natural por pares; desarrolla empatía |
| Rutinas Visuales Dinámicas y Sistema de Anticipación de Cambios | Baja-media: creación y mantenimiento regular | Bajo-moderado: pictogramas, tableros o apps | Menos ansiedad por transiciones; mayor independencia, ⭐⭐⭐⭐ | Casa, escuela y espacios de transición | Fácil de consultar; promueve previsibilidad diaria |
| Actividades de Mindfulness y Regulación Emocional Adaptadas | Media: enseñanza gradual y práctica repetida | Bajo: guías visuales, audio, apoyos sensoriales | Mejora de regulación interna y reducción de crisis, ⭐⭐⭐ | Estrategias de calma, momentos de estrés y adaptación emocional | Proporciona herramientas internas de autorregulación |
Elegir, observar y adaptar, el verdadero objetivo
La mejor actividad para niños con autismo es la que encaja con el objetivo inmediato y con la forma particular de participar de cada niño. Si necesita regularse, quizá convenga un rincón sensorial o una respiración con burbujas. Si debe prepararse para una visita, una historia social puede ser más útil que un juego libre. Si quieres fomentar autonomía, una tarea cotidiana con imágenes ofrece una oportunidad concreta. Si buscas comunicación, su interés especial puede abrir una conversación, un turno o una elección.
La edad cronológica orienta, pero la edad funcional también importa. Un niño mayor puede necesitar una secuencia visual muy sencilla para vestirse, mientras que un niño pequeño puede elegir entre dos materiales, pedir una pausa y completar una rutina con bastante independencia. Ajusta la propuesta al nivel de comunicación, a la tolerancia sensorial y a la energía disponible ese día.
Prepara pocos materiales. Anticipa el inicio y el final. Muestra qué ocurrirá después y deja una salida clara. Si aparece frustración, reduce pasos, ofrece una elección o termina de forma respetuosa. No esperes a que la sobrecarga sea evidente para intervenir.
La observación debe centrarse en señales funcionales, no en una puntuación. Anota si el niño se acercó, cuánto apoyo necesitó, qué comunicación utilizó, qué parte disfrutó y qué le hizo retirarse. Comparte esa información con la familia, la escuela y los profesionales para que la habilidad pueda generalizarse a otros momentos sin repetir exigencias innecesarias.
El contexto familiar también importa. Un estudio del Observatorio de la Infancia sobre 43 familiares de personas con autismo y discapacidad intelectual relacionó el estrés percibido con el diagnóstico, la dificultad para obtener recursos, el acceso a servicios educativos y sanitarios, la preocupación por el futuro y los apoyos recibidos según el informe consultado. Una actividad sostenible debe cuidar al niño y hacer más manejable la organización de quienes le acompañan.
Como cierre práctico, prueba este ciclo:
- Escoge una propuesta según el objetivo del momento.
- Haz una prueba breve en un entorno preparado y sin presión.
- Anota una adaptación útil, por ejemplo, una imagen, una pausa, un material distinto o una elección.
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Contigo ofrece recursos prácticos para crear rutinas visuales, apoyar la comunicación, fomentar la autonomía y adaptar actividades para niños con TEA con acompañamiento profesional. Visita Contigo para encontrar orientación y una comunidad de familias que entiende este camino.
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