Comunicación aumentativa y alternativa en autismo
Descubre qué es la comunicación aumentativa y alternativa en autismo, sus modalidades, la evidencia que tiene y cómo elegirla para tu hijo o tu aula.

A veces la escena empieza en algo muy pequeño. Estás en la cocina, tu hijo te tira de la manga, se pone nervioso, señala hacia una estantería, protesta cuando le das agua y se enfada todavía más cuando pruebas con una galleta. Tú sabes que quiere decirte algo. Él también lo sabe. Lo difícil es que, entre lo que necesita y lo que puede expresar, hay un hueco enorme.
Ese momento desgasta mucho. Desgasta al niño, porque siente que no le entienden. Y desgasta a la familia, porque vive con la sensación de ir siempre adivinando. Muchas madres y padres llegan aquí pensando dos cosas a la vez: “necesita ayuda ya” y “ojalá no estemos renunciando a que hable”. Esa mezcla de urgencia, miedo y amor es muy habitual.
La buena noticia es que existe un camino intermedio, útil y respetuoso. No hace falta esperar a que el habla llegue sola para empezar a construir comunicación. Tampoco hace falta elegir entre hablar o no hablar. La comunicación aumentativa y alternativa en autismo ofrece apoyos para que el niño pueda pedir, rechazar, elegir, anticipar, compartir y participar desde ahora.
Tabla de contenido
- Cuando las palabras no llegan todavía
- Qué es la CAA y qué no es
- Las modalidades que puedes encontrar
- Qué dice la evidencia disponible
- Cómo elegir el sistema adecuado
- Coordinación entre familia, colegio y terapeutas
- Pautas para implementarla en casa y en la escuela
- Un camino que se recorre acompañado
Cuando las palabras no llegan todavía
Una madre me decía hace poco: “yo ya distingo si llora por cansancio, por hambre o por frustración, pero siento que vivo traduciendo sin estar segura”. Esa frase resume muy bien lo que pasa en muchas casas. El niño comunica, claro que comunica, pero lo hace con miradas, movimientos, llanto, empujando la mano del adulto, llevando a la persona hacia un objeto o repitiendo una rutina que no siempre se entiende.
La frustración no viene de la falta de intención
En muchos niños con TEA, el problema no es que no quieran comunicarse. El problema es que el canal disponible no siempre les alcanza. Quieren “más”, “no”, “ven”, “ayuda”, “otra vez”, “quiero ese”, “me molesta”, “se acabó”. Pero entre esa intención y una frase oral funcional puede haber mucho esfuerzo.
A un niño no hay que exigirle primero palabras para permitirle comunicarse. Hay que darle herramientas para que pueda comunicarse mientras las palabras llegan o se organizan mejor.
En España, esta necesidad no es marginal. La prevalencia del TEA se sitúa en torno a 1 de cada 100 personas, lo que equivale a aproximadamente 500.000 personas, y entre el curso 2011-2012 y el 2022-2023 las detecciones de alumnado con TEA pasaron de 19.023 a 78.063, un incremento del 310,36%, según la referencia recogida en esta revisión sobre epidemiología y datos en España. Cuando una necesidad afecta a tantas familias y aparece tan pronto en la vida escolar, hablar de apoyos comunicativos deja de ser algo excepcional.
Hay un puente entre el silencio y el habla funcional
Ese puente puede ser un gesto, un pictograma, un tablero, un cuaderno, una secuencia visual o una app con voz. No es un plan de emergencia ni una señal de fracaso. Es una forma válida de acceso a la relación con los demás.
Si ahora mismo estás intentando entender si tu hijo “no habla” o si se comunica de otra manera, puede ayudarte leer también esta guía sobre comunicación no verbal en autismo. A muchas familias les da paz poner nombre a lo que están viendo en casa.
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Rutina de la mañana
Qué es la CAA y qué no es
Una escena muy habitual en casa. Tu hijo quiere seguir viendo el mismo vídeo, tú no lo entiendes a la primera, él se enfada, te lleva de la mano, señala, protesta o se bloquea. El problema no es que “no tenga nada que decir”. El problema es que todavía no cuenta con una vía estable para decirlo.
La CAA, o comunicación aumentativa y alternativa, reúne esas vías de apoyo. Los SAAC son los sistemas que se usan para ponerla en práctica. Dicho de forma sencilla, hablamos de herramientas que permiten expresar, comprender e intercambiar mensajes cuando el habla no basta o todavía no está disponible.
Aumentativa y alternativa no son lo mismo
Aumentativa quiere decir que el apoyo acompaña al habla que ya existe.
Alternativa quiere decir que el apoyo ocupa el lugar del habla cuando esa forma de comunicación no está disponible o no resulta funcional en ese momento.
Una comparación útil es la de las gafas. Si una persona ve algo, pero no con suficiente claridad, las gafas mejoran lo que ya tiene. Si en una situación concreta no puede ver bien sin ellas, pasan a ser la vía necesaria para acceder a la información. Con la CAA ocurre algo parecido. A veces suma. A veces sustituye. Muchas veces hace ambas cosas según el contexto.
Por eso la CAA puede ser adecuada para niños que no usan palabras, pero también para niños que sí dicen algunas y aun así no consiguen comunicarse con claridad. Puede ayudar cuando el habla es escasa, cuando se entiende mal fuera del entorno familiar, cuando aparece un bloqueo con el estrés o cuando el niño comprende mucho más de lo que logra decir.
Lo que la CAA no es
Aquí suelen aparecer varias dudas razonables.
No significa renunciar al habla
Usar pictogramas, signos, un tablero o una app no “acostumbra mal” al niño ni le quita oportunidades de hablar. Le da una forma de participar desde ahora. Para muchas familias, este punto cambia por completo la mirada. Ya no esperan a que llegue una palabra perfecta para empezar a escuchar a su hijo.
No se limita a pedir cosas
Es frecuente empezar por mensajes muy concretos porque son fáciles de enseñar y tienen una recompensa clara. Pedir agua, elegir una galleta, señalar un juguete. Pero una comunicación útil va mucho más allá. También sirve para decir “no”, “otra vez”, “me duele”, “no quiero eso”, “ayúdame”, “estoy cansado” o “quiero contarte algo que pasó en clase”.
Ese matiz importa mucho. Si la CAA se usa solo para pedir, el niño aprende una parte muy pequeña de lo que comunicar de verdad significa.
No es solo para una etapa concreta
Hay niños que acceden pronto a estos apoyos y otros que los necesitan más adelante, cuando las demandas sociales y escolares aumentan. No se trata de llegar pronto o tarde. Se trata de ofrecer un sistema que encaje con el perfil real del niño y con los momentos del día en los que más lo necesita.
Idea clave: la meta no es que el niño suene más verbal. La meta es que pueda expresar mensajes útiles, comprensibles y propios.
Tampoco consiste en entregar materiales y esperar
Aquí muchas familias se llevan una sorpresa. La CAA no funciona por tener un archivador bonito o una app instalada. Funciona cuando los adultos la usan con el niño, la ponen a su alcance y la incorporan a situaciones reales: desayunar, vestirse, elegir, esperar, jugar, protestar, contar.
Por eso este punto es tan importante antes de pasar a elegir pictogramas, PECS o una app. La pregunta no es solo “qué sistema existe”, sino “qué sistema puede usar mi hijo de verdad en casa, en el colegio y con las personas que le acompañan cada día”. Según las orientaciones de CEAPAT sobre comunicación aumentativa y alternativa, la clave está en ajustar los apoyos a las necesidades y capacidades de cada persona, no en aplicar una solución igual para todos.
Las modalidades que puedes encontrar
Muchas familias llegan a este punto con una pregunta muy concreta: “Vale, entonces, ¿qué usamos mañana por la mañana, en casa o en el cole?”. Y ahí suele aparecer la confusión, porque bajo las siglas CAA caben apoyos muy distintos. No cumplen la misma función ni piden las mismas habilidades al niño.
Una forma sencilla de ordenarlo es pensar en tres grandes grupos: apoyos visuales estables, sistemas de intercambio como PECS y comunicadores, en papel o digitales, que permiten construir mensajes. A veces se elige uno como puerta de entrada. Otras veces se combinan dos porque el niño comprende mejor con un apoyo y expresa mejor con otro.
Pictogramas y apoyos visuales estables
Los pictogramas suelen ser el primer formato que una familia reconoce. Tiene sentido. Son claros, se pueden colocar en los espacios donde el niño los necesita y ayudan a hacer visible algo que, dicho solo con palabras, se pierde rápido. CEAPAT recoge estos recursos dentro de los SAAC y los presenta como apoyos que pueden adaptarse a necesidades muy diferentes, desde anticipar rutinas hasta facilitar elecciones en distintos contextos, como explica en su información sobre SAAC en niños con TEA.
Aquí entran herramientas como:
- Agendas visuales
- Paneles de elección
- Tableros de comunicación
- Secuencias de pasos
- Pictogramas de normas, rutinas y espacios
Suelen ir bien cuando el niño necesita entender qué va a pasar, cuánto falta, qué opciones tiene o qué se espera de él en una actividad concreta. En clase ayudan mucho por una razón sencilla. Reducen instrucciones largas y convierten el entorno en algo más predecible.
PECS y el intercambio de imágenes
PECS no es “dar dibujos para pedir cosas”. Funciona más bien como un aprendizaje muy guiado de la intención comunicativa. El niño entrega una imagen a otra persona y descubre, de forma clara, que ese acto produce una respuesta. Para muchas familias, ese momento cambia la escena cotidiana: ya no dependen solo de adivinar si tiene sed, quiere seguir jugando o necesita parar.
Suele encajar bien en niños que todavía no inician mucho la comunicación por sí mismos y necesitan aprender ese primer paso de “yo hago algo para que el otro me entienda”. Por eso puede ser útil al principio, sobre todo si el objetivo inmediato es que comunicar deje de ser algo pasivo y se convierta en una acción con sentido.
Apps y comunicadores con voz
Las apps y los comunicadores con voz añaden otra posibilidad. Permiten seleccionar símbolos, palabras o categorías y que el dispositivo “hable” por el niño. Sobre el papel suena muy atractivo. En la vida real, no siempre es la mejor primera opción.
La pregunta práctica no es si una app tiene muchas funciones. La pregunta es si el niño puede usarla sin perderse entre pantallas, si los adultos saben modelarla y si estará disponible en los momentos importantes del día. Fundación ConectaEA señala precisamente esa idea en su análisis sobre SAAC y recursos actuales: la herramienta, por sí sola, no resuelve nada si no encaja con el perfil del niño y con su entorno.
Algunas familias usan:
- Comunicadores en tablet
- Apps con voz sintetizada
- Agendas visuales digitales
- Tableros personalizables
Suelen encajar mejor cuando hay buen interés por el formato visual, tolerancia al dispositivo y un adulto que puede organizar el vocabulario para que no se convierta en un laberinto.
Baja tecnología que sigue siendo muy valiosa
Aquí conviene frenar una idea muy extendida. Más tecnología no significa mejor comunicación.
Un cuaderno de comunicación, un tablero de mesa, una tira “primero-después”, un panel de emociones o un tablero de letras pueden funcionar muy bien y, en algunos casos, mejor que una tablet. Se llevan con facilidad, no dependen de batería y suelen dar mucha estabilidad entre casa, colegio y otros entornos. Para muchas familias, esa continuidad diaria pesa más que cualquier función avanzada.
Si quieres comparar formatos concretos con ejemplos más visuales, esta guía sobre tipos de SAAC puede ayudarte a ver qué opción se parece más al día a día de vuestro hijo.
Qué dice la evidencia disponible
Una familia suele llegar a este punto con una pregunta muy concreta: “¿Esto de verdad ayuda, o solo vamos a probar cosas sin saber?”. La respuesta honesta es que sí hay base científica para usar CAA en autismo, pero esa base no funciona como una receta única. Sirve más bien como un mapa. Orienta, marca caminos útiles y también deja claro dónde todavía faltan respuestas.
Para situarnos, una revisión sistemática realizada en la Universidad de Cantabria sobre SAAC en TEA reunió investigaciones publicadas y las organizó con criterios PRISMA, como recoge esta publicación académica. Traducido a lenguaje sencillo, eso significa que no se trata de opiniones sueltas, sino de un intento serio de revisar qué se ha estudiado y qué resultados aparecen con más frecuencia.
Para visualizar de forma sencilla cómo suele presentarse esta comparación entre sistemas, observa esta infografía:

Lo que sí podemos decir con seguridad
Las síntesis de evaluación sanitaria publicadas en España describen un panorama prudente, pero útil. Hay apoyo para intervenir también con niños autistas mínimamente verbales y para introducir ayudas de comunicación de forma temprana, sobre todo cuando se integran en objetivos funcionales del día a día y no se quedan solo en la sesión terapéutica.
Esto encaja con algo muy reconocible para muchas familias. Si un niño tiene una forma clara de pedir agua, elegir un juego o decir “no quiero”, suele bajar la frustración y aumentar la participación. No porque el sistema haga magia, sino porque reduce una carga muy concreta: tener que resolverlo todo con habla cuando el habla todavía no alcanza.
Una buena manera de entender la evidencia es compararla con unas gafas graduadas. Las gafas no cambian quién es el niño ni hacen desaparecer todas las dificultades, pero sí pueden darle una vía más nítida para relacionarse con los demás. La CAA cumple esa función en muchos casos. Hace más accesible la comunicación.
Lo que la evidencia todavía no resuelve bien
La investigación aún no permite responder con precisión a la pregunta que más preocupa en casa y en el colegio: qué sistema conviene más para este niño concreto. Sabemos que la CAA puede ayudar. Sabemos menos sobre qué formato funciona mejor según edad, comprensión, perfil sensorial, motricidad o contexto de uso.
Por eso conviene leer los estudios con calma. Un trabajo piloto reciente con personas con TEA y necesidades de apoyo altas comparó dos formas de CAA asistida y observó cambios en comunicación y conducta, como expone este trabajo universitario. Es una aportación interesante, pero todavía no basta para decir “app siempre mejor que pictogramas” o “PECS siempre mejor que un comunicador”.
Ese matiz importa mucho. La evidencia respalda el uso de apoyos comunicativos, pero la elección práctica sigue dependiendo del perfil del niño y de algo que a veces se olvida: quién va a sostener ese sistema cada mañana, en el comedor, en el parque y en los deberes. Ahí es donde este tema deja de ser teórico para convertirse en vida diaria.
La evidencia orienta. La elección acertada aparece cuando esa evidencia se junta con la observación del niño real, sus rutinas y las posibilidades de su entorno.
También ayuda mucho escuchar una explicación pausada y visual del tema. Este vídeo puede servirte para afianzar conceptos y ver la CAA desde una mirada aplicada:
Cómo elegir el sistema adecuado
Aquí es donde muchas familias se atascan. No porque falte interés, sino porque hay demasiadas opciones y poca orientación práctica. La elección no debería empezar por “qué está de moda”, sino por “qué necesita este niño para comunicarse mejor hoy”.
Qué mirar antes de decidir
Fíjate en varios aspectos a la vez:
- Habla funcional actual. No solo si dice palabras, sino si le sirven para pedir, rechazar, responder o compartir.
- Comprensión del entorno. Hay niños que entienden mucho más de lo que pueden expresar y eso cambia bastante la elección.
- Perfil sensorial. Algunos toleran muy bien la tableta. Otros se saturan o se distraen.
- Motricidad fina. No es lo mismo entregar una imagen grande que pulsar iconos pequeños.
- Entorno disponible. Un buen sistema en consulta no sirve de mucho si casa y colegio no pueden sostenerlo.
- Interés natural del niño. Si le atrae mirar, señalar, mover tarjetas o usar tecnología, eso da pistas importantes.
Matriz orientativa para elegir SAAC según el perfil del niño
| Perfil del niño | Modalidad recomendada | Observaciones |
|---|---|---|
| Niño pequeño con poca iniciativa comunicativa y fuerte interés por objetos concretos | PECS o intercambio de imágenes | Suele ayudar a enseñar intención comunicativa de forma muy visible |
| Niño que entiende rutinas pero se desorganiza en cambios y transiciones | Pictogramas y agendas visuales | Muy útil para anticipar, elegir y reducir incertidumbre |
| Niño con habla limitada pero con buena respuesta a pantallas | App de CAA con voz | Conviene configurar pocas opciones al principio y evitar sobrecarga |
| Niño con dificultades motoras o necesidad de apoyos muy simples | Tablero de baja tecnología o cuaderno | Acceso rápido, estable y fácil de compartir entre contextos |
| Niño verbal que se bloquea en estrés o fuera de casa | Sistema aumentativo complementario | Puede usar apoyos visuales para momentos de saturación o baja inteligibilidad |
Dos decisiones prudentes que suelen funcionar
Primero, empezar con un sistema poco exigente. Si una herramienta pide demasiada atención, demasiados pasos o demasiada precisión, es fácil que el niño la rechace antes de descubrir su utilidad.
Segundo, mantener más de una vía disponible. Un niño puede usar agenda visual para comprender el día, PECS para pedir y una app para algunas elecciones o comentarios. No hay premio por usar un único formato.
Regla práctica: el mejor sistema es el que el niño puede usar con frecuencia real, en varios lugares y con varias personas.
En esta fase, algunas familias también recurren a recursos listos para personalizar. Por ejemplo, Contigo ofrece una biblioteca de pictogramas gratuitos para descargar, imprimir y adaptar a rutinas de casa y del colegio, algo útil cuando se quiere empezar sin complicar demasiado el proceso.
Coordinación entre familia, colegio y terapeutas
Un sistema puede funcionar muy bien en sesión y desaparecer por completo en cuanto el niño sale de la consulta. Eso pasa más de lo que debería. El motivo casi nunca es que el SAAC “no sirva”. Suele faltar coordinación.
En España, distintas fuentes especializadas recomiendan extender pictogramas y señalización universal en espacios públicos y educativos porque estos apoyos reducen la carga de inferencia lingüística, mejoran la anticipación y facilitan la interacción con interlocutores no entrenados. Además, una simbología estándar favorece la interoperabilidad entre entornos, como explica Autismo España al defender el uso universal de estos apoyos.
Esta imagen resume muy bien esa idea de trabajo conjunto:

Acuerdos mínimos que sí marcan diferencia
Cuando los tres contextos se alinean, el niño encuentra el mismo idioma visual en más lugares. Eso baja esfuerzo y aumenta uso.
Funciona bien concretar por escrito cosas tan simples como estas:
- Qué vocabulario se prioriza. Por ejemplo, ayuda, más, parar, baño, jugar, esperar.
- Qué formato se usa. No mezclar símbolos distintos sin una razón clara.
- Quién modela cada objetivo. Familia, tutora, AL, logopeda o terapeuta.
- Dónde se registran avances. Un cuaderno común, notas compartidas o vídeos breves.
Coherencia no significa rigidez
No hace falta que todo sea idéntico. Hace falta que sea reconocible. El pictograma de “baño” puede estar en la puerta, en el cuaderno y en la agenda. La petición de “más” puede aparecer en la merienda de casa y en el rincón de juego del aula. Esa repetición organizada es la que permite generalizar.
Cuando un niño usa un sistema solo con un adulto, todavía no lo ha incorporado del todo. Cuando empieza a usarlo con personas distintas, en momentos distintos, la comunicación se vuelve más suya.
También conviene pactar qué hacer en vacaciones, cambios de etapa o sustituciones escolares. Son momentos en los que muchos avances se desordenan si el apoyo desaparece de golpe.
Pautas para implementarla en casa y en la escuela
La implementación diaria vale más que la herramienta perfecta guardada en un cajón. Aquí suele cambiar todo.

Cómo empezar sin abrumar
Empieza en momentos de alta motivación. No en una tarea difícil ni cuando el niño ya está saturado. Sirven muy bien el columpio, las pompas, la merienda favorita, el baño, una canción repetitiva o un juguete muy deseado.
Hazlo así:
Elige una rutina concreta
Mejor “pedir más pompas” que “usar la CAA todo el día”.Modela sin exigir
Señala el pictograma o pulsa el botón mientras tú dices la palabra. El niño no tiene que repetir de inmediato.Pon el sistema al alcance
Si el tablero está alto, lejos o guardado, no forma parte real de la comunicación.Espera un poco
Muchos niños necesitan más tiempo del que el adulto tolera cómodamente.
Ideas sencillas para casa y aula
En casa:
- Comida. Elegir entre dos alimentos, pedir más, decir “se acabó”.
- Baño. Anticipar pasos con secuencias visuales.
- Juego. Pedir turnos, repetir, parar o elegir actividad.
- Salida de casa. Usar una miniagenda con zapatos, abrigo, coche, cole.
En el aula:
- Asamblea. Elegir canción, saludar, marcar emociones.
- Rincones. Tableros por actividad con vocabulario útil.
- Patio. Opciones visibles para pedir ayuda, turno o juego.
- Transiciones. Primero-después y agendas visuales.
Si estás trabajando especialmente con apoyos visuales, esta guía sobre comunicación con pictogramas puede darte ideas muy aplicables para montar tableros, agendas y rutinas.
Errores frecuentes que conviene evitar
No hace falta hablar menos para usar CAA. Tampoco hace falta pedir al niño que responda cada vez que señalas un pictograma.
Estos errores aparecen mucho:
- Sobrecargar el tablero desde el primer día. Mejor pocas opciones claras.
- Usarlo solo para mandar. También debe servir para disfrutar, elegir y comentar.
- Quitar el apoyo porque “ya lo sabe”. A veces todavía lo necesita para usarlo con autonomía.
- Confundir exposición con enseñanza. Tener pictogramas pegados no basta si nadie los modela.
Pequeños vídeos de un minuto pueden ayudar mucho. Permiten ver avances que en el día a día pasan desapercibidos y facilitan que familia y colegio ajusten objetivos con hechos, no solo con impresiones.
Un camino que se recorre acompañado
Son las ocho de la tarde. Tu hijo te lleva de la mano hasta la cocina, se enfada, llora, señala a ratos y tú intentas adivinar si tiene sed, hambre o si quiere su taza de siempre. Muchas familias llegan a la CAA desde escenas así. No porque hayan renunciado al habla, sino porque necesitan una forma más clara de entenderse hoy.
Por eso conviene mirar este proceso con una idea sencilla: comunicar no consiste solo en decir palabras. Comunicar también es poder pedir, rechazar, elegir, esperar, protestar, saludar o contar que algo duele. Para algunos niños, ese camino empieza con un gesto. Para otros, con un pictograma, una agenda visual o una app. Y en muchos casos, el sistema adecuado cambia con el tiempo, igual que cambian las ruedas de apoyo de una bici cuando el niño gana equilibrio.
La CAA abre opciones reales en la vida diaria. Reduce momentos de adivinanza en casa, da más oportunidades de participación en el aula y ayuda a que el niño dependa menos de que el adulto interprete todo por contexto. Ese cambio, aunque al principio parezca pequeño, se nota mucho en la convivencia.
También sitúa la comunicación en un lugar más amplio. No se trata solo de cubrir necesidades básicas, sino de estar presente en decisiones cotidianas y en la vida social. El trabajo sobre accesibilidad y participación disponible en el repositorio de la Universidad de Cantabria lo recuerda con claridad: comunicar tiene que ver con pertenecer, elegir y ser tenido en cuenta, no solo con pedir objetos o anticipar rutinas, como recoge este trabajo sobre accesibilidad y participación.
Si ahora mismo tienes dudas, eso entra dentro de lo esperable. A muchas familias les preocupa escoger mal, empezar tarde o no saber usar el sistema “correcto”. La buena noticia es que no hace falta resolverlo todo de golpe. Hace falta observar bien al niño, probar con criterio, revisar lo que funciona y coordinarse con quienes conviven y trabajan con él.
A veces el primer avance no es que “hable más”. A veces es que por fin puede decir “no”, pedir ayuda sin llorar o anticipar lo que va a pasar al salir de casa. Y eso ya cambia mucho.
En Contigo encontrarás orientación práctica para familias TEA, recursos visuales aplicables al día a día y apoyo para coordinar casa, colegio y comunicación funcional sin sentirte sola en el proceso. Si estás empezando con pictogramas, rutinas visuales o dudas sobre qué sistema encaja mejor con tu hijo, puede ayudarte contar con una guía clara y acompañada.
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